domingo, 26 de diciembre de 2010

Buenos Aires, noviembre de 1975: me gusta sentirme libre y quedarme si quiero

4.
Suena el teléfono y pego un respingo. Miro el reloj. Nueve y media de la noche. ¿Atiendo, no atiendo? Atiendo. Es el comando José Rucci, de la Alianza Anticomunista Argentina.
-A ustedes los vamos a matar, hijos de puta.
-El horario de amenazas, señor, es de seis a ocho- contesto.
Cuelgo y me felicito. Estoy orgulloso de mí. Pero quiero levantarme y no puedo: tengo piernas de trapo. Intento encender un cigarrillo.

Eduardo Galeano, en "Días y noches de amor y de guerra",1984.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Espero curarme de ti

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más que una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se pueden reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras de amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "que calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de las gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero").

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirvo, es cierto. Solo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.

Jaime Sabines.

De la ilusión

Escribiste en la tabla de mi corazón:
desea.
Y yo anduve días y días
loco y aromado y triste.

Jaime Sabines

sábado, 11 de diciembre de 2010

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¡Que mal está el mundo! -me dijo Joaquín-.
Este comentario venía tras la observación catastrófica de la zanahoria arrancándose los brazos. Yo me limité a un "sí" pausado, casi prolongado…
Él se aterraba por cosas cotidianas. Lo de las zanahorias ya venía de hace meses, eso es lo de menos; al fín y al cabo el sol ya se tragó la tierra, los zombies se comieron todas las nubes…¡Y él se alarma porque una simple zanahoria se arranque los brazos!…
Mis preocupaciones son otras, todavía no las tengo claras, pero se que esas cosas no me preocupan, no me interesan, no me importan…Y no tiene que ver con el tema del estado somnoliento en el que estamos. ¡No! Nada más tiene que ver con la soledad y la falta de caramelos.
Ya falta poco para el "Día de los Zapatos Gastados" y los míos siguen nuevos. Esas cosas me aterran, lo demás no me parece importante.
Yo creo que esto no da para más, posiblemente me vaya a vivir a las cloacas, ya no aguanto más eso de vivir de árbol en árbol…¿Y Joaquín?...que se yo…Cuando logre hacer que despegue su naríz de la tierra le cuento que estamos por perder la cordura.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Las vírgenes sabias y necias (fragmento)

Maggie ya no es una enclenque muchacha de campo. Tiene busto y caderas curvas, una cintura elegante. Cuando no está actuando, usa el tupido y oscuro cabello partido al medio y recogido en ambos lados del rostro, como un reluciente plumaje de mirlo; en las sesiones espiritistas ese cabello espeso y lustroso cuelga hasta las caderas. Sus ojos negros son grandes y brillantes. Su boca roja es carnosa. Es bella, aunque no de la manera convencional. En una de esas espantosas novelas de a duro que los libreros victorianos guardaban en la sala de atrás, sería la femme fatale, la mujer equivocada para un buen hombre, la Dama con Velos que debe caer por el precipicio o irse a la Habana, o al manicomio, para que los amantes verdaderos puedan ser felices juntos. Maggie no es la mujer adecuada para un final feliz.
Parece un poco joven para una pasión tan siniestra.
Todavía hay inocencia en esos ojos oscuros.

Jeanne Mackin

El Caso de las Trompetas Celestiales (fragmento)

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En esta festividad de la Aparición de San Miguel Arcángel, en el año de gracia de 1939, Carmel había cumplido veinte o veintiún años, no recuerdo bien. Era lo que mi amiga Cheyney, americanizando deliberadamente la lengua materna, habría llamado una rubia rojiza. En otros términos, tenía cabellos rubios, pero no del tono platinado, oxigenado, ceniciento o tan siquiera de lino, de los sajones, sino de un tinte oro pálido, con reflejos marcados de color rojizo. No sé qué color de ojos se considera correcto para una rubia rojiza, pero los de Carmel, inesperadamente, eran de color castaño muy oscuro, los ojos que habitualmente tienen las morenas. Eran ojos preciosos, bien separados y adornados con largas pestañas negras. Su nariz era traviesa, levemente respingada, y si me preguntan cómo puede ser traviesa una nariz de mujer, me limitaré a recomendar al lector que venda este libro por lo que le den y en el futuro lea solamente a Bernard Shaw.


(Michael Burt: The Case of the Angels´ Trumpets, 1947)

Conferencia en Londres por Paul Eluard (1935)

Ha llegado el tiempo en el que todos los poetas tienen el derecho y el deber de afirmar que se hallan profundamente enraizados en la vida de los demás hombres, en la vida común (...). Hay una palabra que jamás he oído sin sentir una gran emoción y una gran esperanza; la más grande, la de vencer a las potencias de la ruina y de la muerte que se ciernen sobre los hombres; esta palabra es: fraternización (...). Los poetas dignos de este nombre, como los proletarios, se niegan a ser explotados. La poesía verdadera está en todo lo que no se ajusta a esta moral, a una moral que, para mantener su orden y prestigio, no sabe hacer otra cosa que construir bancos, cuarteles, iglesias y prostíbulos. La poesía verdadera está en todo lo que libera al hombre de este bien espantoso, bien que tiene un rostro de muerte. Se halla en la obra de Sade, de Marx o de Picasso, como en de Rimbaud, Lautréamont o Freud. Se halla también en la invención de la radio, en la explotación del Tcheliuskin, en la revolución de Asturias y en las huelgas de Francia y de Bélgica. Puede estar tanto en la fría necesidad, la de conocer o comer mejor, como en el gusto de lo maravilloso. Desde hace más de cien años los poetas descendieron de las cimas en que creían estar y caminaron por las calles, insultaron a sus maestros; ya no tienen dioses, se atrevieron a besar en la boca a la belleza y al amor, aprendieron los cantos de rebelión de la muchedumbre miserable y, sin dar muestras de disgusto, tratan de enseñarle los suyos propios.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Silens declaratio

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Volui clamare sed non potui. Vox meus ne exire buca mea consequebatur, et illud quod dicere volebam in animo meo haesum mansit.

... Volui delineare, sed tractus inter se confundebant, et aliquid nitidum non producere consequebar.
... Volui pingere, sed colores omnes similes videbantur, et semper idem pingebam.
... Volui musicam facere, sed soni quos emittebam dissoni, iniucundi auri qui audire vellet erant.
... Volui scribere, sed nemo scripta mea legebat. Conor adhuc, sed omnes conatus inanes sunt.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Natanael

Justificar a ambos ladosHace unas pocas semanas, ha llegado a nuestro antro un ser que no sabemos ni de dónde vino, ni qué es exactamente; dijo llamarse Natanael. Le dimos una calurosa bienvenida porque no somos hostiles con los caminantes que llegan a nuestra pocilga. Pero lo cierto es que dicho ser desde que llegó ha desabastecido nuestras heladeras, usado nuestros aposentos, pero ni un solo escrito ha brotado de sus manos para deleitarnos.
Yo, la Dama del Alba, me encuentro aquí instigando a Natanael para que de una vez por todas publique algo y que no nos venga con la excusa de que tiene muchos obstáculos que atravesar o amigos que socorrer porque aquí, bien sabemos todos que nuestra única ocupación es leer el Quijote y escribir.
Saludos.

Oración a San Juan Trastornado

Antes de hacer esta Oración pídale a su propio Guardián que le dicte en su propia mente si debe o no hacer esta Oración. Si se arrepiente no la haga, pues no tendrá beneficio en lo que usted desee.

Tú que poder tuviste para trastornar a tu esposa, así yo te conjuro para que me le trastorne los cinco sentidos y siete pensamientos de fulano de tal (ahí se dan tres zapatadas para llamar a fulano de tal). Por el poder omnipotente de -Belcebú Artaclán- tres espíritus superiores a todos los demás espíritus.

Ellos serán los que leen, interpretarán en el cerebro, el corazón y el pensamiento de fulano de tal, para que no me lo dejes si en silla sentar ni en cama dormir, ni con mujer casada, viuda o soltera hablar hasta que no bravo, rabiando como un perro y llegue a mí, manso como una oveja a los pies míos. Yo fulana de tal.


Eduardo Gudiño Kieffer, en "Guía de pecadores".

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Encuentro Casual

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Salió rápido de su departamento, y casi chocó contra la muchacha

... -¡Uy! Disculpe, no la vi.
... -No se preocupe -dijo con desdén-, me pasa siempre.
... Él se quedó observándola un instante.
... -Tampoco la había visto antes, ¿vive aquí?
... -Sí.
... -¿Hace mucho?
... -Bastante -quedó pensativa un rato-. Creo que nunca viví en otro edificio.
... -Qué extraño -dijo-, debería haberla cruzado en algún momento... Yo vivo aquí -señaló su departamento, el número trece- desde hace un par de meses, y la verdad es que no...
... -Salgo poco, tal vez por eso no...
... -Ah, debe ser por eso -su voz no sonaba muy convencida-. Yo casi nunca estoy.
... Ella lo miró, un poco incómoda por estar allí, y le dijo:
... -¿Tiene que irse? -no le gustó cómo sonó eso, y añadió enseguida:- Lo vi muy apurado, y ahora aquí, hablando tan tranquilo...
... -Sí -dudó-. No. Bueno, tal vez pueda ayudarme.
... -¡Con gusto! -su rostro se iluminó por un instante-. Hace tanto que no ayudo a nadie... Dígame.
... -Creo que me persiguen...
... -¿Quién?
... -No lo sé.
... -¿Y cómo sabe que lo persiguen? -inquirió.
... -Porque hice algo... -iba a hablar, pero se contuvo-. No, no puedo contárselo, podría ser peligroso. Pero debo salir de aquí.
... -Creo -pensó por unos segundos-, creo que puedo ayudarlo... Sí, ya sé: venga por aquí.
... -¿Por dónde?
... -Por este pasillo -le dijo mientras caminaban por él-, al fondo hay una escalera. Allí hay una puerta, en el descanso, que conecta por medio de un pasaje con el edificio contiguo.
... -No lo recuerdo...
... -Tal vez nunca lo vio -sentenció.
... -Puede ser, estoy tan poco en este edificio...
... Llegaron al final del corredor. Ella lo miró y, señalando la puerta, dijo:
... -Aquí está, ¿ve?
... Él abrió y entró. Ella lo siguió.
... -Sí, pero la escalera está clausurada.
... -No puede ser -dijo ella, incrédula.
... -Pues sí, mírelo usted misma.
... -Qué extraño -dijo perpleja, como hablando consigo misma-, antes estaba aquí.
... -Tal vez remodelaron el edificio -aventuró él.
... -Puede ser, pero es raro que no me haya enterado...
... -¿Hace mucho que no usa este pasaje?
... -Tal vez... No lo sé, no tengo buena memoria desde que...
... -Esto aparenta haber estado así por bastante tiempo.
... -Es cierto. Hasta la puerta es diferente, ahora lo veo. Antes era...
... -¿Era cómo?
... -¡Qué extraño! -dijo la muchacha, avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada! -la tocó al hablar y se cerró de pronto, con un golpe.
... -¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo nos han encerrado a los dos!
... -A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.
... Pasó a través de la puerta y desapareció.


(Este cuento fue el resultado de una consigna de escritura, utilizando
el "Final para un cuento fantástico" de la Antología del Cuento Fantástico,
de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, 1965)