sábado, 29 de mayo de 2010

La máscara de la muerte roja (fragmentos)

(...)Mas otra vez tañe el reloj que se alza en el aposento de terciopelo. Por un momento todo queda inmóvil; todo es silencio, salvo la voz del reloj. Los sueños están helados, rígidos en sus posturas. Pero los ecos del tañido se pierden -apenas han durado un instante- y una risa ligera, a medias sofocada, flota tras ellos en su fuga. Otra vez crece la música, viven los sueños, contorsionándose al pasar por las ventanas, por las cuales irrumpen los rayos de los trípodes. Mas en la cámara que da al oeste ninguna máscara se aventura, pues la noche avanza y una luz más roja se filtra por los cristales de color de sangre; aterradora es la tiniebla de las colgaduras negras; y, para aquél cuyo pie se pose en la sombría alfombra, brota del reloj de ébano un ahogado resonar mucho más solemne que los que alcanzan a oír las máscaras entregadas a la lejana alegría de las otras estancias. (...)

(...) Y entonces reconocieron la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche. Y uno por uno cayeron los convidados en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la desesperada actitud de su caida. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes expiraron. Y las tinieblas, y la corrupción, y la Muerte Roja lo dominaron todo.

Edgar Allan Poe

jueves, 29 de abril de 2010

La Mesa Verde

El sol como un gran animal demasiado amarillo. Es una suerte que nadie me ayude. Nada más peligroso, cuando se necesita ayuda, que recibir ayuda.

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Me rememoro al sol de la infancia, infusa de muerte, de vida hermosa.

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Pero a mi noche no la mata ningún sol.

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La errancia, la canción de nosotros dos, tiemblo como en una metáfora el alma comparada con una candela.

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Y nada será tuyo salvo un ir hacia donde no hay dónde.

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He aquí que se estremece el espacio como un gran loco.

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Alguien demora en el jardín el paso del tiempo.

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Me alimento de música y de agua negra. Soy tu niña calcinada por un sueño implacable.

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Máscaras de la noche en qué lugar perdido que nadie más que yo conoce.

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¿Tendré tiempo para hacerme una máscara cuando emerja de la sombra?

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Invitada a ir nada más hasta el fondo.

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Me pruebo en el lenguaje en que compruebo el peso de mis muertos.

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El mar esconde sus muertos. Porque lo de abajo tiene que quedar abajo.

*

Para mejor ser el que fue, ha querellado con su nueva sombra, ha luchado contra lo opaco.


Alejandra Pizarnik.

martes, 27 de abril de 2010

Bruja (fragmento)

Integró una biblioteca con volúmenes rosa, tuvo casi todos los discos de Pedro Vargas y algunos de Elvira Ríos; llegó un momento en que ya poco deseaba y su capricho sólo halló ejercicio en alguna golosina, un perfume nuevo, una sazón de pescado. Pero después Paula quiso tener un hombre que la amara, y aunque vaciló largo tiempo entre recibir en su lecho a cualquiera de sus fieles pretendientes o crear un ser que cumpliera en todo sus románticas visiones de antaño, comprendió que no había alternativas y le era forzoso decidirse por lo último. Un amante del pueblo hubiera preguntado, inquirido hasta descubrir, más allá de la sonrisa, el poder de bruja. Y entonces hubiera sido el terror, la persecución, la locura.
Creó su hombre. Su hombre la amó. Era bello, fino, se llamaba Esteban, jamás quería salir de la casa: así tenía que ser. Ya enteramente aislada de sus semejantes, Paula negó el té a los amigos y éstos presintieron la regencia de un macho en la casa. Tristes de corazón, se volvieron al pueblo.


Julio Cortázar.

martes, 20 de abril de 2010

La sirena varada (fragmento)

Encuentro que la vida es aburrida y estúpida por falta de imaginación. Demasiada razón, demasiada disciplina en todo. Y he pensado que en cualquier rincón hay media docena de hombres interesantes, con fantasía y sin sentido, que se están pudriendo entre los demás. Pues bien: yo voy a reunirlos en mi casa, libres y disparatados. A inventar una vida nueva, a soñar imposibles. Y todos conmigo, en esta casa: un asilo para huérfanos de sentido común.

Alejandro Casona.

sábado, 17 de abril de 2010

Un amor contra natura

Festejado fue siempre el fervor erótico de los habitantes de Citeres, la isla consagrada a Afrodita. "Aquí todo está permitido", decían, "con la condición de que culmine en la cópula, pues de lo contrario es puro vicio". De modo que aquel espéctaculo los espantó. Durante varios días, en la playa, a la plena luz del sol, dos viciosos se abrazaban, se besaban, se acariciaban. Él, en opulenta erección, rugía de magnífico ardor. Ella lanzaba maravillosos himnos obscenos. Hasta ahí todo estaba en regla y no había nada que decir. Pero después de una hora de preparativos él regresaba al bosque y ella se iba a nadar en las aguas del mar cretense. Los pobladores de Citeres no toleraron tanto escándalo y el centauro y la sirena fueron conducidos a la cárcel.


Marco Denevi.
El Jardín de las Delicias. Mitos Eróticos.

sábado, 3 de abril de 2010

Interrogante

¿Por qué serás tan condenadamente retorcido?
Tus idas y vueltas son insoportables...

jueves, 1 de abril de 2010

La construcción corre por tu cuenta

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...
a a Abramos alegrías allá alma Aquí árboles aromas arroyos brilla colores compartamos con con cuenta cuentos de de de de de de de despliegan dramas dulcificados El el el enriquecernos Escuchemos hay hermosos historias historias hojas impregnados interpretarlas La La La la la las lavando Leamos lejos lejos literatura llevándoselas Llora lluvia lo los los los los los luz más más más mejores mentes miedos muerte muestra murmullo naturaleza néctar nos nos novelas nuestra nuestras nuestras nuestros nuestros ofrece oscuridad para para penas percibirlas poesías que que que rodea saber sabiduría se sentimientos sólo sublime sus sus sus teje teñidos todos universo vida y y , , , , , , , , , , , , , , . . . . . ; ¿ ¡ ¡ ¡ ? ! ! !

miércoles, 24 de marzo de 2010

It (Eso) (fragmento)

Cualesquiera fuesen los motivos, al terminar aquella primera reunión como grupo completo, en julio de aquel año, la reunión en la que Bill se había hecho cargo de un modo total, sin esfuerzos, ella estaba locamente enamorada de él. Decir que era un deslumbramiento de colegiala era como definir el Rolls-Royce diciendo que era un vehículo de cuatro ruedas. Ella no reía como una tonta ni se ruborizaba al verlo; tampoco escribía su nombre con tiza en los árboles o en las paredes del Puente de los Besos. Simplemente, vivía con su cara en el corazón, constantemente, con una especie de dolor dulce, perenne. Hubiera muerto por él.

Stephen King

viernes, 12 de marzo de 2010

La enamorada

esta lúgubre manía de vivir
esta recóndita humorada de vivir
te arrastra alejandra no lo niegues.

hoy te miraste en el espejo
y te fue triste estabas sola
la luz rugía el aire cantaba
pero tu amado no volvió

enviarás mensajes sonreirás
tremolarás tus manos
así volverá tu amado tan amado

oyes la demente sirena que lo robó
el barco con barbas de espuma
donde murieron las risas
recuerdas el último abrazo
oh nada de angustias
ríe en el pañuelo llora a carcajadas
pero cierra las puertas de tu rostro
para que no digan luego
que aquella mujer enamorada fuiste tú

te remuerden los días
te culpan las noches
te duele la vida tanto tanto
desesperada ¿adónde vas?
desesperada ¡nada más!

Alejandra Pizarnik,
en "La última inocencia"

martes, 2 de marzo de 2010

Dormir al sol (fragmento)

.
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...
-Tiene que elegir.

... -No entiendo -le aseguré.
... -Por una vez lo justifico -respondió amablemente.
... De nuevo se tapó la cara con las manos y guardó un silencio tan largo que me impacienté. Pregunté:
... -¿Por qué, doctor?
... -¿Recuerda lo que decía Descartes? ¿No? Cómo se va a acordar si nunca lo ha leído. Descartes pensaba que el alma estaba en una glándula del cerebro.
... Dijo un nombre que sonó como pineral o mineral. Pregunté:
... -¿El alma de mi señora?
... Puso tanto fastidio en su respuesta, que me desorientó.
... -El alma de cualquiera, mi buen señor. La suya, la mía.
... -¿Cómo se llama la glándula?
... -Olvídela, porque no importa y ni siquiera tiene la función que le atribuyeron.
... -Entonces, ¿para qué la menciona?
... -Descartes no se equivocó en lo principal. El alma está en el cerebro y podemos aislarla.
... -¿Cómo lo sabe?
... Contestó simplemente:
... -Porque la hemos aislado.
... -¿Quiénes?
... -Eso tampoco importa. Lo esencial es que logramos aislar el alma, sacarla si está enferma, curarla fuera del cuerpo.
... Como si me interesara la explicación, pregunté:
... -Mientras tanto, con el cuerpo, ¿qué pasa?
... -Desprovisto de alma, no sufre desgaste, se repone. Apostaría que su señora no volverá a tener esos herpes de labios, que tanto la molestaron.
... "No" pensé. "No puede ser". Pregunté:
... -No me diga que le sacaron el alma a mi señora.
... -Lo que nos movió a intentar el experimento fue la absoluta falta de esperanzas de curarla por la terapéutica habitual.


(Adolfo Bioy Casares :Dormir al sol, 1975)

martes, 16 de febrero de 2010

Alicia en el País de las Maravillas

Capítulo VII
Una merienda de locos (fragmento)

-¿Pero es que no tienen ustedes manera mejor de emplear el tiempo -exclamó Alicia, malhumorada- que malgastarlo en acertijos sin solución?
-¡Ay, querida! Si conocieras al Tiempo tan bien como yo -le dijo el Sombrerero-, no hablarías de malgastar-lo sino de malgastar-le.
-No entiendo lo que quiere usted decir -dijo Alicia.
-¡Pues claro que no entiendes! -exclamó el Sombrerero, echando, displicente, la cabeza hacia atrás-. ¡No me extrañaría que no hubieras hablado ni una sola vez con don Tiempo!
-Puede que no... -le contestó Alicia, con cautela-. Pero le puedo asegurar a usted que en las lecciones de música marco el tiempo con palmadas.
- ¡Ah! ¡Eso lo explica todo! -exclamó el Sombrerero-. ¡Don Tiempo no tolera que le den palmadas! En cambio, si te llevaras bien con él, haría lo que tú le pidieras... Suponte, por ejemplo, que tu reloj marca las nueve, hora del comienzo de las clases en la escuela. Pues bien, no tendrías más que murmurar tus deseos al oído del Tiempo y éste haría que las agujas del reloj corrieran veloces, y en un abrir y cerrar de ojos, ¡la una y media, hora de comer!
- ¡Qué más quisiera! - dijo la Liebre Marcera, relamiéndose los labios de gusto.
- ¡Sería maravilloso! -exclamó Alicia; y después añadió-: lo malo es que no tendría apetito a esa hora, ¿no le parece?
- ¡Pues claro que lo tendrías! -le dijo el Sombrerero-. El reloj se detendría en esa hora y esperaría a que lo tuvieras.
- ¿Así es como se las arregla usted con el Tiempo?- le preguntó Alicia.
El Sombrerero, apesadumbrado, negó con la cabeza.
- ¡Ojalá lo fuera! -dijo-. Pero nos peleamos en el mes de marzo, justamente cuando ésa -y señaló con su cucharilla a la Liebre Marcera- se volvió loca... Fue durante el gran concierto ofrecido por la Reina de Corazones... (...)
- Y desde aquel día -continuó diciendo el Sombrerero con su triste voz-, el Tiempo no quiere saber nada conmigo y se ha detenido para siempre en las seis de la tarde.


Lewis Carrol